Destacado

…pero lo diré de todos modos

La verdad es que ya me cansé de guardarme mis opiniones. ¿No es eso por lo que todos terminamos personalizando otro blog entre tantos miles?

Aun así, la necesidad de expresar ideas, palabras, imágenes y momentos trascendentales continúa siendo un misterio en un mundo en el que nada nuevo brilla bajo el sol. Pero lo diré de todos modos; ¿a qué reprimir una tentación tan imperiosa? ¿Quién no quiere someterse a las órdenes del Káiser que radica en nuestras cabezas?

Y, como dijo cierto Lord no sin razón, ¿quién escribiría si tuviera algo mejor que hacer?

27young_girl_writing_a_love_letter27_by_pietro_antonio_rotari2c_norton_simon_museum

 

Una alternativa para disparar tu producción literaria

Louis Moe - konvoluttenengra00gjel 0001 (15).jpg
By fourandsixty-Own work, CC BY-SA 3.0

Ya se ha dicho que el bloqueo de escritor es la peor calamidad que puede acontecer a quienes amamos jugar con las letras, sobre todo cuando nuestro trabajo requiere que tengamos un flujo constante de ideas. Por ello creo que la entrada de hoy les resultará especialmente interesante: lo que quiero compartir es una forma, en mi opinión subestimada, de invocar a las musas durante esas infernales temporadas de sequía intelectual.

Es verdad que un escritor desenvuelve su profesión en la solitaria tranquilidad de su cabeza. Los escritores dependen de un grado considerable de orden y silencio, por lo cual suele hallárseles en los típicos pisos de solteros, envueltos en nubes de humo de cigarro, o bajo llave en la recámara preferida. Hoy en día, aunque no todos vivimos en una buhardilla, se sigue considerando la tradición del ostracismo de un literato, recogimiento estimado necesario para abrirse a los susurros reveladores de los padres de aquellas obras que nos han inspirado. Pese a nuestra determinación por apartarnos del mundanal ruido, muchas veces éste se hace llegar hasta nosotros, y nuestra distracción queda inoperante cuando se nos fuerza a unirnos a la algarabía natural de las personas menos huidizas. Luego la familia se pregunta a qué viene la actitud mohína de sus adustos hijos, y el frustrado dramaturgo se exaspera tanto por los dramas resultantes, que pasa por alto la ocasión de basarse en sus problemas domésticos para escribir con vívido ingenio lo que podría ser su obra maestra. En vista de la incidencia del fenómeno entre los apasionados escritores en ciernes, me pregunto si no será útil volver al tema de: «No escribas para vivir; vive para escribir.» Pues, ¿en qué basaremos nuestras ficciones, sino en la realidad?… y, es bastante común que los detalles más fascinantes de las historias clásicas sean fruto de la observación del autor, quien permitió a sus experiencias reflejarse, unas veces más fielmente que otras, en los rasgos propios de su obra.

Y hablando de realidades, me viene a la mente un grupo de personajes célebres, que a inicios del siglo XIX nos dieron la clave para encontrar ésta cura al bloqueo de escritor que vengo anunciando desde el inicio de la presente entrada:

La autora de Frankenstein, en ese entonces Mary Godwin, junto con su futuro esposo Percy Shelley, y el famoso ícono del romanticismo, Lord Byron, se sentaron a la luz de las velas una noche de junio en cierta villa Diodati, alguna vez ocupada por otra leyenda del mundo literario, John Milton. Los tétricos paisajes suizos surtieron un efecto en los nuevos amigos, quienes dedicaron sus veladas a la lectura y discusión de relatos de fantasmas. De éste viaje nacieron obras inmortales que han eclipsado el renombre de las mismas historias en las cuales hallaron la sugerente excitación de la genialidad. Y en base a dicha anécdota, quizá podríamos reconocer que nuestros hábitos, en veces demasiado solitarios, podrían cambiar para mejorar. Algunos tenemos la fortuna de ser miembro de un grupo de amistades como la de Mary Shelley; otros nacimos en familias inherentemente literarias. Si ninguno es el caso, existe la posibilidad de contactarse con individuos afines por medios distintos. Lo importante es que, cuando nos tiremos del pelo sumidos en la desesperanza del bloqueo de escritor, recordemos también que organizar una velada literaria o una tertulia, es una forma grata y divertida de distraer la mente, además de que, si nos dejamos llevar por la alegría que estas celebraciones suelen implicar, sentiremos una especial motivación para empezar o continuar nuestros proyectos. La ventaja: estaremos presentando nuestra nueva creación a unos lectores (o escuchas) infinitamente más comprensivos. Poner límites de tiempo ayuda; no bien llego a un acuerdo con mis colegas tertulianos en cuanto a la fecha de entrega, surgen las ideas como una erupción volcánica desde algún rincón mental previamente adormecido. Y el tiempo de producción se acorta notablemente, siempre y cuando los involucrados se mantengan firmes en su disposición de leer las historias conforme al calendario. Otro beneficio de las veladas literarias es el reencuentro, la dicha de la re-conexión personal que engendran. En lugar de pasar el fin de semana devorando comida chatarra frente al televisor, los amigos obtendrán la oportunidad de llegar a conocerse, libres por fin de la interferencia del Youtube, de los memes en Internet y de lo que éstos días locos se llama tan erróneamente «convivencia». Por su parte, las familias distanciadas podrán introducirse al mundo sublime de una de las bellas artes, y recuperar tiempo perdido.

Concluyo pues, con una última recomendación: procura el equilibrio. Un escritor es una criatura sensible; los cambios de cualquier índole suelen repercutir profundamente en nuestra salud mental y física. Si eres una persona introvertida, no trates de obligarte a pasar tiempo con otra gente si en realidad ésto te drenará energía. Sal a dar un paseo, ocúpate en otra área del conocimiento, haz algún deporte para que tu energía se desfogue y las musas perciban tu receptáculo vacío. Si en cambio, acostumbras ya a pasar mucho rato en contacto con tus amigos, hablando de literatura e intercambiando producciones, quizá necesites un tiempo de yo-yo para aclararte las ideas.

En fin, espero que éste post les sea de utilidad. A mí las tertulias me han funcionado de maravilla, pero como siempre, se trata de lo que a uno le funcione.

¡Buena suerte!

The only question that remains…(in English)

IMG_20151101_182755723

Aquí hay un poema que escribí, seguramente en un arranque de imprudencia. Escribir cosas en otro idioma no es tan recomendable cuando éste todavía nos puede dejar en evidencia, pero no me pude resistir. 

The only question that remains
Is the holy grail of every knower,
And all the knowledge in the world
Must be but partially discovered.

And all the thirst for mystery
Was bred by those who answered
Sited in the throne of wisdom
That sees and knows reality.

But wise men do not care
If there must be some magic
To betray the rules of the absolute
And take away the tragic.

So that last question that remains
Is chased by scientist and artist,
Both desperate to know and to ignore
What should remain uncharted.

Like a whisper in a cage,
As a law grows in sacredness,
The more its subtlety must hide,
Safe within its shyness.

 

La guerra de los Ents continúa

Y continúa…

Autor: Claudette Hoffman

 

«Ya no le importan a nadie las cosas que crecen», dijo alguna vez uno de los personajes más interesantes del maestro de la literatura fantástica, J.R.R. Tolkien.

Es cosa cierta. Al menos en éste país, donde los constructos del pensamiento social no han cambiado desde el primer estallido de la industrialización, se hace fácil observar cómo va desarrollándose una encarnizada lucha unilateral: humano contra árbol. Árbol que antaño adornara sierra y calle por igual, y que trajera lluvia y frescor a nuestra comunidad. ¿Qué nos queda hoy día, de aquellos espectáculos gozosos con los cuales llegaron a disfrutar nuestros padres y abuelos, que no nosotros? Al salir de la casa, y recorrer cuadra tras cuadra preguntándonos cómo alcanzaremos nuestro destino sin habernos momificado en vida, igual que debieron hacerlo muchos de los pobladores de la gloriosa Amarna en tiempos del faraón Akenatón (esa ciudad edificada bajo los rayos abrasadores del sol del desierto, baño directo de energía sagrada y de pingues insolaciones), o cuando viene diciembre y no hace más frío que a mitad del año, ¿nadie mira en derredor hacia los árboles?

IMG_20160527_193457186

La ínfima cantidad de verdor en éstos pueblos en crecimiento mengua entre cables eléctricos (ese absurdo cableado aéreo), antiestéticas construcciones de hormigón, y jardineras apenas ocupadas por palmeras desaliñadas, que según eso, representan un ornamento menos complicado y perjudicial para el llamado «orden público».

Y así nos quedamos rodeados de plantas raquíticas y troncos seccionados. ¿A alguien más le parece raro que le llamen «poda» a la decapitación evidente? Le damos a los filtros de nuestro aire el mismo tratamiento que a un tirano de la época de La Terreur. Me parece que María Antonieta sentiría tanta empatía por los pobres árboles de México que quedaría desconcertada de sí misma. Hay que reflexionar en lo mal fundadas que están todas esas excusas con las que se salen con la suya tanto civiles como autoridades, talando las zonas habitadas y no habitadas de nuestro país. Bárbol no dudaría en tomarnos por orcos ante un comportamiento tan desenfrenado.

Cada día veo múltiples cargas de troncos, no hacía mucho árboles centenarios, que daban amparo a cientos de animales salvajes cuyas poblaciones no hacen más que bajar de número. Éstos árboles eran sombra, refugio, alimento, lluvia, nutrición para la tierra y los cultivos. Ahora, serán reducidos a rollos de papel de baño. Hagamos a un lado la magnitud actual de la industria maderera y pensemos: ¿No nos quejamos del calor infernal que se desata día y noche, secando maíz, flores y fruto por igual? Trastornos de tipo geológico, ríos y lagos subiendo de nivel presentando crecidas peligrosas; aumento de alimañas portadoras de terribles enfermedades (mosquitos, cucarachas, moscas, alacranes y demás); anomalías climáticas tales como heladas, tornados en lugares sin precedentes (recientemente sucedió uno a pocos kilómetros de donde yo vivo), incendios nefastos que se extienden aún más a causa del descuido de transeúntes y choferes perezosos, quienes ni siquiera pueden esforzarse en tirar los cigarros y las botellas de cerveza en un bote para basura. Todas éstas calamidades van escalando en intensidad, y al abandonar a su destrucción a los árboles no hacemos otra cosa que ayudar a la crisis del calentamiento global, que ha probado ser desastrosa para la civilización. ¿Qué tienen los pueblos áridos, de concreto, que es mejor que un ambiente verde, templado, equilibrado? ¿Cómo pueden desterrar el susurro de las hojas de los álamos una vez que atraen al viento, y éste alborota las frondas con su manto? ¿A quién no le gustan los pueblos mágicos? Esos asentamientos en las montañas, rodeados de bosques, donde el aroma resinoso se mezcla con el gusto del agua pura y el tintinear de la lluvia perfumada sobre la tierra? ¿Qué es lo que hacen los árboles que parecen granjearse el odio de tantas personas? ¿Tirar hojas al suelo? Las hojas son recuerdo de bandadas de pájaros que ya se han fragmentado por los cielos traficados, y son inspiración de todos los poetas del mundo. ¿Que sus ramas son peligrosas? Pues no planten eucaliptos en su patio delantero. Hay una gran diferencia entre quitar las ramas desgajadas y extirparlas todas para dejar sólo un triste pie pegado al asfalto.

El respeto a la naturaleza es un valor casi perdido. Sobre todo en la República, construimos las ciudades con el paso de los años, usando el mismo grado de sensatez y previsión que los niños, previamente a su lección de que no pueden volar pegándose alas de papel en la espalda. Pero, ¿no son bastantes los impuestos cobrados como para hacer nuevos diseños sustentables, y eficientes, así como obras de importancia semejante? El verde es un color subestimado. Porque no hay azul del cielo sin verdor de árbol.

IMG_20160527_193408481

Las industrias han tomado un papel central en la sociedad. Los que ambicionan en éste mundo cada vez más sobrepoblado, se usan de recursos no-renovables, de recursos caducos, y lo hacen sin medida, sin planear a futuro. La ceguera general en cuanto al agotamiento de las selvas del planeta, y en cuanto a nuestra dependencia del balance natural (que no ha cambiado a pesar de nuestra actitud de ruptura), será nuestra perdición a menos que empecemos a atar cabos, y asumir responsabilidades. Yo me atrevo a decir que el cisma entre la civilización y su cuna, es la causa de todos los males actuales. ¿Cuál es la función de todas las cosas? ¿Por qué no nos hacemos ésta pregunta con mayor frecuencia? La función. He ahí una palabra clave. Desde los parásitos más desagradables hasta los depredadores más «nocivos» tienen una función, y deben ser conservados. Cada población, depende de otra. Incluso la nuestra.

Podría ponerme a gritar (o a teclear furiosamente), ¡salven a la mariposa monarca, salven a los jaguares, a las abejas! Pero, ¿por qué no empezamos a mirar en nuestras localidades, aunque sean lejanas a las junglas de las que provienen los animales más simbólicos de ésta nación? En un sólo árbol se refugian muchas especies distintas de criaturas únicas e irremplazables. Un sólo árbol es un paso más hacia la victoria contra el caos ambiental y la esterilidad que dejamos a donde sea que nos paremos. Plantar un sólo árbol es alegría que no puedo trasmitir a quien no lo haya hecho nunca. Y la magnificencia de un árbol milenario es algo que jamás debería borrarse de nuestra memoria. ¿Cómo si no, podremos convencer a nuestros hijos de que el mundo en que vivimos es en verdad maravilloso?

FatuIva_TropicalRainForest_20061111
Autor: Sémhur
Autor: Geoff Gallice

 

 

Las moscas

A todos los que nos gustan las curiosidades poéticas, se nos hará fácil recordar los versos de Antonio Machado, que le dan un protagonismo singular a las indeseables anunciantes de las temporadas cálidas del año; un fastidio, por todo lo demás. Pero, quizá puedan verlas con algo de diversión tras una leída al poema en cuestión (que les dejo enseguida):

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…

Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre…

Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:

yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

 

A propósito, ¿sabían que se pueden deshacer de las moscas colgando bolsas de agua cerca de las puertas y ventanas? Una bolsa llena a la mitad, suspendida ante una entrada, confundirá a éstos insectos haciéndolos pensar que se trata de telarañas. Debería verse la mejoría. ¡Hagan la prueba!

Donde reside el placer de las compras…

File:Elizabeth Sparhawk-Jones, Shop Girls, 1912.jpg

Debe ser cosa de mujeres, embutido en nuestras propias venas, amar el ir de compras en manada, o en pares, con las amigas verdaderas. Y en honor a las amigas que se fueron, las que nunca pudieron sugerirnos el vestido rojo o la playera, y a todas ellas en que duele pensar en los días de ausencia, dedico éste lamento entrecortado tras un lapso de frenesí en pos de la moda (que nunca será exactamente moda mientras se aplique a mí).

Girls Love Shoes! (1180410566).jpg

Algunos amigos van y vienen, pero hay otros que dejarán su huella en nosotros: he comprobado hoy la efectividad de la prueba de las compras para reconocer a las almas hermanas, sin siquiera tener intención de hacer ningún experimento.

¿No han oído de la prueba de las compras? Sencillísimo: un día en que tu amiga esté de vacaciones con su novio, se haya ausentado por negocios, o simplemente se haya olvidado de la cita que tenía contigo para tomar café, y por supuesto si estás dispuesta a ser sincera contigo misma y enfrentar la posibilidad de que tal vez ella lamente más que tú haberse saltado la reunión,  agarra el monedero y…¡a explorar las tiendas de ropa!

La prueba saldrá negativa si disfrutas éste rato de auto-afirmación y apapacho tanto como las veces en que tenías a disposición tuya su infalible ojo crítico. Y, obviamente, será positiva si sales del supermercado chasqueando la lengua como después de probar una sopa insípida. ¿Cómo puede ser que un vestido nuevo, blusas favorecedoras y tacones provocativos no basten para hacernos el día? Puede ser, ya lo creo, cuando tu mejor amiga era el ingrediente más importante en la receta de una tarde repleta de bolsas de boutique.

File:Bolsas-de-asa-troquel-bolsapubli.jpg

La sensación de deber me sorprendió al salir hoy en busca de futuros harapos. ¡A menos que tenga un cromosoma Y del que no me haya enterado, soy perfectamente capaz de ver con emoción una ida a las tiendas de moda! Pues, parece que después de todo hay una razón por la cual las muchachas preferimos desempeñar ciertas actividades en grupo…. me pregunto cuál será el trasfondo de las idas acompañadas al toilette. No es que haya sentido nunca el vacío de la ausencia de nadie mientras hago mis asuntos en el W.C. ¿Tendrá algo que ver con la necesidad de protegernos entre nosotras de posibles intrusos del sexo opuesto? En épocas antiguas, las mujeres tendrían que caminar bastante lejos de la seguridad del área común para encontrar un lugar que pasara por uno de nuestros baños actuales.Y cuando era hora de tomar un baño en la fuente, ¿no serían una frecuente amenaza los hombres que espiaran tras los arbustos? Una mujer sola habría sido una presa fácil, y en nuestros días, quizá el remanente de esas memorias desagradables se haya quedado de algún modo en el subconsciente colectivo.

File:Women fountain Asteas MAN Inv11445 n2.jpg

Pero sea como sea, debo admitir que antes de hoy, jamás había tomado tan en serio el ritual de «ir de compras», usanza de todas en el mundo. Mis respetos a esa conexión inexplicable entre la industria textil y los lazos emocionales de los miembros de nuestro género.

File:Petrozavodsk.Girlfriend.jpg

Y me parece que lo que realmente quiero decir con ésta entrada es que, la vida no sería la misma sin nuestras amigas; las chicas en las que piensas cuando ves un filme con un personaje que, sin importar lo agrio y desesperante que se pueda tornar, siempre acaba haciéndonos reír, aquellas a quienes no puedes esperar a contarles los detalles de tus locuras y desgracias. Las mismas chicas que estarán ahí cuando el mundo y sus problemas lleguen a un punto crítico y, con suerte, las que estarán ahí cuando todo se invierta, y seamos almas jóvenes habitando cuerpos no tan jóvenes.

¡Salud, compañeras!

File:Thank-you-word-cloud.jpg

Liberemos a la libertad

He estado pensando en los cambios que vienen a fuerzas. No hay cosa más terrible que tener que admitir cuando es tiempo de irse, o de ejercer la libertad. Y supongo que, en definitiva, ésta entrada es justamente acerca de eso: libertad.

Ha sido estandarte de gladiadores fugitivos, lema sagrado de países oprimidos, recomendación salpicada de inquietud en los labios cianóticos de una persona al borde de la muerte. Lo que nadie piensa durante el transcurso de la persecución es, qué hacer con su objetivo una vez que lo atrapan. Un concepto tan simple, tan cristalino, se convierte en el mayor enigma para quien se sorprende a sí mismo con el cetro de poder en la mano. ¿A dónde voy ahora? La verdadera pregunta, la que provoca esa descarga de adrenalina, o la desesperación que viene con ella es, ¿quién cuidará de mí ahora?, ¿quién ordenará las piezas del rompecabezas que es mi vida, dilatada como el océano?…¿cuál es el sentido de mi vida?

El qué es muy sencillo cuando somos pequeños. Hay una dirección definida, una fórmula comprobada. La única obligación (no menos desagradable, empero, que las obligaciones de la etapa adulta) es ir al colegio, y el resto del tiempo no nos sentamos a pensar en las incógnitas existenciales, porque estamos demasiado ocupados jugando con nuestros amigos. Pero, exceptuando a algunos millennials, una vez que llegamos a cierta edad, nos topamos con el mundo real. Y, sin la carga de una familia propia a nuestras espaldas, dar el siguiente paso puede representar un verdadero salto de fe.

Actualmente cada vez más personas prefieren experimentar la libertad, sin tratar de definirla para ellos mismos. A veces ni siquiera comprendemos su significado, y nos embarcamos en mil aventuras distintas, dejando apenas un segundo para respirar en la soledad de nuestros refugios temporales. Y entonces, sentimos el aleteo inseguro de una desazón inexplicable, antes de cerrar los ojos y volver a empezar el ciclo. El caso es que, sin importar cuán libres creamos ser viviendo al día, como una fragata en medio de una tormenta, la ansiedad está ahí. No tenemos más norte que ayer, cuando nos sentíamos esclavizados por las costumbres y las ideas de nuestros padres. Y no nos damos cuenta que nos hallamos encadenados a nuestros temores, a nuestro pasado. Claro que adquirir responsabilidades por el simple hecho de seguir la corriente, es una forma bastante efectiva de invocar dicho desasosiego. No hay leyes que lo obliguen a uno a tomar tal o cual camino: el aceptado hallar empleo, formar una familia, pedir créditos bancarios e hipotecar la casa; o el adoptar la vida de nómada, con la mochila al hombro y los amores de una noche. El punto es que, mientras sintamos esa espina en el costado, sea como sea que hayamos elegido pasar nuestro tiempo, la libertad seguirá siendo una sombra, una ilusión distante.

La buena noticia es que, no necesariamente para siempre.¿Por qué no empezar por tratar de definir el qué? Ya estamos de pie en la encrucijada, con el cayado en mano, listos para empezar una jornada que podría llevarnos al otro lado del mundo, tanto como de regreso al hogar que dejamos. Pero, ¿qué queremos obtener de éste viaje?  ¿Qué inclinaciones han estado ahí, muy adentro y muy presentes, desde nuestra más tierna infancia? A menudo son los deseos más tempranos los más certeros. Tener fe en la constancia con que podemos manifestarlos es crucial. Son nuestras inclinaciones de origen las que constituirán uno de los grandes pilares contra los que habremos de apoyarnos en las épocas difíciles, y los ornamentos de esos castillos que empezaremos en los aires, y luego en el plano material. Y nos ayudarán a responder esa intrincada pregunta universal: ¿a dónde vamos? Porque somos los únicos que podemos contestarla, sin importar lo mucho que volvamos los ojos al cielo, buscando a un Dios esperanzador.

El sentido de la vida está en nuestro sentido de libertad; en elegir y afrontar, en la posesión de una conciencia. La responsabilidad consiste en apropiarnos de una misión, de un proyecto, de una finalidad. El hombre no es nada sin sus sueños. Y, si no hay sueños en la bandeja, ni cartas sobre la mesa, sí hay voluntad, osadía, albedrío. Buscar una forma de realización no es muy distinto de corretear con la red bajo una nube de mariposas multicolores. Una vez aclarando el dilema de nuestras inclinaciones naturales, es fácil emprender la travesía en dirección a nuestra singular y personal versión de realización. ¿Qué si cambiamos en el trayecto? La libertad nos guiñará, dejando migajas ante nuestros pies. Mientras que el corazón palpite ligero, podemos estar seguros que hacemos buen uso de ella.

A veces nos resistimos a dejar los viejos hábitos; lo desconocido se nos antoja demasiado abrumador. ¿Cómo es que tantas personas en el mundo ejercemos la autonomía sólo para encajar nuestros propios grilletes en nuestros tobillos? Y sólo algunos cambios, como tornados fuera de control, nos empujan a preguntarnos para qué hemos nacido. Bueno, si debe haber una respuesta a lo anterior, sugiero ésta:

Para algún día llegar a preguntárnoslo.

El temor que rodea a tales interrogantes está injustificado, si nos disponemos a verlas con pragmatismo. Somos criaturas tan fugaces… y aún así nuestras preocupaciones parecieran ser omnipresentes. Damos la impresión de vivir a través de las eras geológicas, por como nos solemos retorcer las manos ante la cuestión de: ¿por qué existimos, por qué estamos aquí?; se diría que nuestros monumentos sobrevivirán a nuestra Tierra por como ambicionamos bienes. ¿No es más importante, más urgente, preguntarnos qué queremos hacer mientras todavía somos capaces de hacerlo? Y si queremos dejar huella, ¿no debemos aprovechar nuestro parpadeo al máximo? Pero en fin, será voluntad de cada quien plantarse en su sitio de dudas, con la cabeza constantemente vuelta hacia el vacío, o hacerse actor de la historia que se haya elegido (por el bien del movimiento, simplemente para evitar el ocio y la aflicción que éste genera). Al fin y al cabo, nadie puede quitarnos nuestra libertad, ni siquiera para salvarla de nuestros hábitos asesinos.

 

Siete observaciones sobre escribir

 

gustavoadolfobecquer-elpoetaylasmusas

 

Pensando en la maravilla de la inspiración, que puede ser tan gentil como caprichosa, recordé uno de los ensayos que escribí durante mi estadía en la Facultad de Letras.

¿Que tanto podemos cambiar en tres años? Lo suficiente, diría yo, para reconocer nuestros propios destellos de religiosa convicción entre inexactitudes cada vez más evidentes.

Mi amor por las letras me ha llevado más lejos de lo que jamás creí posible. Esto es una forma de decir que seguir la brújula interna, con todo y la desaprobación que hacerlo suele suscitar, continúa dando frutos para quienes le otorgan su confianza.

 

SIETE OBSERVACIONES SOBRE LA ESCRITURA

Claudia Gabriela Olvera Ruiz Gutiérrez

No puedo negar que en muchas áreas de la vida soy una ferviente partidaria de utilizar la intención para concretar los proyectos a cualquier plazo, y también al resolver grandes y pequeños conflictos; la intención (fuerza de voluntad) ha sido responsable de media parte de los milagros en el mundo, sea quien sea el responsable de la otra mitad. Pero, en éste caso, pienso dedicar un espacio a ciertos aspectos de la misma, que están ligados, de forma singular, al proceso creativo de las artes, y especialmente en el campo de la literatura. Comienzo con una

Primera observación: la libertad del escritor es intocable.

En efecto, la libertad de cualquier individuo debería serlo. Sin embargo, la palabra anterior debe tomarse en relación a su función como herramienta propia del artista. La libertad es, para el escritor, la Madre Sagrada, incorpórea, infundada, que caerá como un relámpago sobre él y poseerá su alma, transformándolo en el Medium, en el Padre Gestante, de quien, tras un día, seis semanas o diez años, nacerá el inmortal producto de ambos.  La libertad es intocable porque el hombre, antes de tornarse Recipiente, está ciego ante ella, aunque esto no le impida atraerla; y porque es precisamente la Madre, silenciosa y titánica, quien lo toca a él, y no al contrario. Y finalmente, es intocable porque, sin ella, se hará patente la:

Segunda observación: existen dos tipos de escribientes; los escritores y escribanos.

No obstante los señalo como cosa aparte, mi intención al hacerlo va más allá de manifestar preferencias o degradaciones de índole más bien injustificada.  Tanto el escribano, como el escritor, son fértiles a la semilla del genio. Ambos pueden y han sido, glorificados a través de la historia. La diferencia estriba en que, uno de ellos es eficiente, y no así el otro. Con el primero puede contarse, nunca con el segundo. De este modo, tenemos que en todo momento_ y con “momento” me refiero a cada una de las manifestaciones espontáneas de su naturaleza generadora_ el escritor actúa por iniciativa, porque necesita poner en movimiento el impulso creador; mientras que el escribano escribe en respuesta a la iniciativa ajena.

Dicha afirmación podría argumentarse con un ejemplo muy común: soy un aficionado a la poesía que ha tenido en la mira el mundo editorial desde hace varios años. Mi compendio es novedoso, interesante y tiene, según yo, todos los elementos necesarios para convertirse en un libro exitoso, pero ¡ay!; el mundo editorial está en verdad amurallado, y para un autor inexperto y carente de cualquier conexión, se perfila distante, hermético, imponente. Quizá me desanime un poco ante las constantes negativas de los publicadores, puede que incluso me deprima el hecho de que, una obra de arte como la que estoy seguro de haber parido (imagino que el dolor de parto no debe ser peor que las penalidades que mi amado compendio me ha hecho sufrir), corra el riesgo de pasar desapercibida por un asunto tan banal como la oferta y demanda cultural de estos días. Pero pronto me llega la oportunidad de colaborar con cierta revista de ciencia ficción, en cuyos números muchos jovencitos encuentran placer durante sus horas de ocio, y no logro resistirme al prospecto de pago, por más parco que éste sea. “Al menos estaré escribiendo”, pienso, y me embarco en una aventura de diez centavos, provista de héroes ataviados con monos plateados (un baturrillo de gracias masculinas), princesas marcianas de pecho abultado y palpitante, y naves equipadas con “devices” de híper-velocidad o alteraciones espacio-temporales. Cierto, mi prolífera colección de cuentos de aventuras es consecuencia de la constante presión del editor, que me telefonea cada semana para recordarme la fecha límite de entrega. Pero, esto no excluye el hecho de que haya elegido trabajar en la revista en lugar de como mesero en el restaurante más cercano. ¿No fue iniciativa, por fin, lo que me impulsó a aceptar un trabajo inferior a mis expectativas, teniendo posibilidad, e incluso habilidad para llevar a cabo muchos otros? Quizá no esté versificando, pero el simple hecho de continuar inventando, creando imágenes y contando historias, es un bálsamo para mi espíritu de artista, y quizá un aliciente para continuar luchando por hacer realidad mis ambiciones.   Es posible que así sea, si bien incurriría en una enorme generalización al suponer que todos los escribanos lo son por las mismas razones. Por otro lado, me encuentro convencida de que:

Tercera observación: El escritor no puede lograr su misión creando por encargo.

¿Cuál es la misión del escritor? Y es aquí donde nos topamos con un problema, de interpretación, mayormente. La respuesta podría ser kilométrica, o tan concisa que no excediera la línea; he aquí la maravilla de las palabras. Tan limitadas y flexibles a la vez. Por mi parte, tendría que respirar profundamente y cerrar los ojos, porque la respuesta estaría en los planos abisales de mi ser. La misión es ser, ni más ni menos; ¿dónde están los rigurosos lineamientos, los incisos, el rompimiento del voto de confianza, la mala fe del pensamiento conceptual, en el alma del escritor? Es él quien mueve ejércitos, cimenta religiones, promueve errores; pero también enjuga lágrimas, susurra votos a través de los espíritus que acoge. El pensamiento se eleva, y se empapa de los rasgos del sentimiento, que es mucho más raudo y promueve muchas más experiencias. La misión del escritor es crear. Crear hermanos, tragedias, fábulas, crímenes, castigos, redenciones. Crear el tiempo en una nueva dimensión: pasado, presente y futuro que se transmita a las vidas suspendidas por los fantasmas de éstas mismas. Crear nuevas tierras vírgenes, y renacientes dioses. Y en éste ser, y en éste crear, Está lo Supremo, el núcleo de las cosas.

Aquí, me resulta inevitable no hablar en términos algo metafísicos: La creatividad del escritor, como ya he dicho, reside en su libertad. En otras palabras: “The creative person has to dissolve all shoulds and should nots. He needs freedom and space…” El crear libremente (¿acaso hay otro modo de crear?) es la máxima expresión del ser humano. Y no se limita únicamente al arte. La independencia del escritor es su bien más preciado, puesto que es en ella como su alma encuentra un conductor, con el cual podrá materializar, aún en conceptos abstractos, el hálito de su conocimiento prioritario.  Y así sucede en el caso de cualquier individuo, que puede encontrar un medio de manifestación adecuado a su naturaleza. La creatividad es la Inteligencia. Y sólo en la Inteligencia mora la verdadera espontaneidad, que es precisamente lo que se pierde al producir por encargo.

Cuarta observación: La intención excesiva en creación literaria es un obstáculo.

A medida que se escribe una obra, ya sea al estilo de la generación de medio siglo, o a la manera de los románticos del siglo xix, es notable cómo el cauce de las ideas fluye sensiblemente, en los momentos menos esperados. A menudo, la creatividad engendra creatividad; al escuchar una canción que hable directamente al corazón, al sonido fortuito de un animal que ronde por los alrededores, o una impresión, tan fugaz como las lamparillas que se encienden en los campos descuidados de estío, durante una noche muy nítida. Podemos darnos cuenta de que, mientras más a gusto con nuestro interior y nuestro ambiente nos hallamos, más probable resulta que estallen las burbujas de inspiración, soltando mil fragmentos que uno debe asir al mismo tiempo. La creación literaria en su más dúctil faceta se presta especialmente a este tipo de revelaciones. Con todo, el fenómeno contrario es identificable incluso en el proceso de construcción de una obra yerta y académica: mientras más rumie sus argucias el calculador escribiente, más confuso se pondrá, y de buen grado arrojará sus fuentes por los aires así que el inconexo párrafo se desploma resquebrajado, sin siquiera tocar el tema.  La excesiva preocupación por lo que habrá de decirse terminará enterrando el verbo; la inquietud por un límite de espacio, o un marco temático hará lo mismo.

El escritor no puede ni podrá medir el Verbo, así como nunca podrá atrapar el fuego: la infinidad de Aquel no podrá conocerla mientras la mente humana sea una interferencia. La voz que nos llega de la Madre es un susurro, sí, porque escucharlo en su totalidad nos ensordecería, o quizás sería inaudible a la carnal tosquedad de nuestros débiles sentidos. La información encapsulada en la creatividad del escritor, está desmenuzada, de suerte que quepa en este mundo.

Efectivamente, la voluntad inicial es necesaria, así como el impulso que permite la reproducción de las especies, para producir una manifestación artística; aun así, la intencionalidad, cual pupila forzada por el arquero para ostentar su puntería, causa donosos fallos. El apuntar, precisamente, a un objetivo (un público, un resultado) con obsesiva insistencia, nos convertirá en el anciano que, usando la lupa para todo, termina acelerando su ceguera. Y entonces la esencia, la musa y el genio quedarán olvidados.

Quinta observación: el condicionamiento del genio a las instituciones termina en un plagio de su mediocridad.

La universidad: uno de los inventos más benévolos de nuestra civilización. Gracias a ella, y a su apertura al grueso de la población, se ha podido difundir el conocimiento milenario al que llegaron filósofos y creadores tan grandes como Pitágoras, Homero o Herodoto. Es en estos centros de la razón donde los pensadores o futuros pioneros pueden explorar distintas materias de interés, que les serán vitales para reconocer y, si es necesario, desarrollar, las áreas a las cuales se abocan. Las universidades ofrecen dichos conocimientos en charola de plata, y es casi irrelevante el estrato social del universitario,  su sexo y nacionalidad, siempre y cuando demuestre aptitudes y disposición para llevar a cabo sus estudios.

El detalle está en que, muchos aplicantes han confundido tal despliegue y promesa de erudición con una oferta de genio, lo único que jamás podrán conseguir dentro de las cuatro paredes de las instituciones. Considero adecuado que, antes de continuar, intente definir esta palabra, empresa peliaguda, lo mejor de lo que sea capaz. Podría formular una lista como la siguiente:

  1. Presente
  2. Ingenuidad
  3. Vacuidad
  4. Apertura
  5. Atemporal

Pero tal vez resulte demasiado esquemática.   O bien, podría alargarme en adjetivaciones un tanto rebuscadas, como son: líquidos segundos febriles de vigilia constante y sorpresiva, completo e incompleto, Ouróboros, quietud y algarabía universales, que estallan al momento.

Me parece más práctico, empero, enfocarme en el rasgo sobresaliente del genio para lograr esbozarlo aunque sea pecando de reduccionista: su temporalidad. El genio surge en las profundidades de un instante, justo en el centro del ahora. A la concreción del genio se le suele llamar “ingenio”, o de forma más drástica, “genialidad”. Pero el genio, a mi modo de ver, no tiene que ver con el concepto de inteligencia lógica y analítica con que se le suele relacionar. Hasta hace poco, sólo los grandes físicos y matemáticos podían ser genios. Y los artistas, mientras tanto, quedaban relegados a segundo plano: dementes, vagabundos, libertinos y díscolos vistos siempre con un dejo de desaprobación. A todo esto puede refutársele, no obstante sabemos que un artista puede ser muchas cosas, entre ellas el intermediario del genio pero también esquizofrénico (lo que sea que fuere tal cosa).

De cualquier forma, el artista no puede evitar tener algo de díscolo; la desobediencia es pariente de la independencia, y ésta de la iniciativa que dará pie al proceso creativo. En mayor o menor grado, un producto de la creatividad tendrá la esencia particular de su creador por encima de su intencionalidad, y por ende, dicha cualidad hará a la obra “rebelde” e irrepetible.

Los productos exigidos por las instituciones apuntan al perfeccionamiento técnico del estudiante, más que a la práctica de su conocimiento intuitivo. Esto en sí es una gran obra, puesto que una instrucción integral significa múltiples ventajas y oportunidades para el que se aplica a ello. Pero, entonces, ¿qué sucede cuando el perfeccionamiento técnico amplía el conocimiento hasta desbordarse del vaso, y desparrama el conocimiento intuitivo? El genio se opaca y se evapora. La tragedia del genio no viene como causa directa e irremediable de este entrenamiento técnico. En realidad, depende del artista cultivar ambos, el mero intelecto y la creación, sin dejarse condicionar por el ejercicio constante de la adquisición y enunciación de datos duros. El condicionamiento del genio ante la sombra de un entrenamiento parcial, dará como resultado la mediocridad del que quiere cantar con buena voz, pero desafinado del oído. Escribir por encargo es igual en apariencia que escribir por autonomía propia; se inicia, se prosigue y se concluye. Pero, en definitiva, lo que genere esta escritura, y el alma de la misma, serán dos cosas muy dispares: en el genio también se encuentra el gusto, e incluso la

Sexta observación: el genio, en la ocasión de escribir, es también auto-creación.

Si se conecta un deportista a un escáner cerebral por medio de electrodos, y se le solicita imaginar con detalle su próxima carrera, es posible contemplar, en la pantalla del escáner, el milagro de auto-creación en movimiento. El cerebro mandará las señales físicas correspondientes a la actividad efectuada en una concentrada visualización, y activará los mismos músculos que el atleta pondría en uso de haber estado realmente en competencia.

Partiendo de este estudio, podríamos inferir que algo semejante ocurre durante el proceso creativo de un escritor: la herramienta fundamental del escribiente es la imaginación. Y desde que comenzamos a escribir, ponemos en marcha nuestra habilidad de cambiar de forma, y moldear el mundo e incluso las ideas de ese mundo, que es escenario de determinada historia. El diseño de los personajes, la evocación de sus acciones e incluso la voz narrativa son un constante y camaleónico trabajo de visualización, no muy distinto al realizado mientras soñamos. El artista, padre de su obra, vuelve así a ser engendrado por la misma, y puede ser mujer gimiente, hombre renegado, joven exitoso o anciano iluminado; esto e infinitamente más, pues el artista, el escribiente y sobre todo el escritor, se torna un ser polimórfico e indescriptible. “No puedes escribir de lo que no conoces”. Y sin embargo, al escribir conoces y conoces. La vida se prolonga en cuerpos opuestos, en almas verdaderas, y mientras uno es zurdo el otro es diestro, y ambos sienten las cosas a su modo. La ocasión es genuina, cada persona y cada diálogo también lo es. Y cada trayectoria, con su destino perpetuo, encauza al escritor a recorrerla fuera de sus páginas.

El autor es el libro, el libro es el autor; una Comunión incomparable enciende a ambos; luego surgen los clásicos, porque su luz es acariciadora, y se extiende como el fuego hasta que todo, a su guisa, queda desnudo, en su forma más pura de energía.

La auto-creación, si decidimos observar por medio de su lente, es la culminación del genio, la espontaneidad, la creación, la libertad, el ser, y el momento presente; y habiendo formulado tan arriesgada declaración, siguiendo el curso de los pensamientos más certeros y por eso, he de concluir con una última reflexión que desearía, englobara todo lo anterior:

 

Séptima observación:  la esencia de la existencia está en la completa espontaneidad.

 

 

 

 

 

La negación…

 

… He improvisado éste poema, inspirada en un comentario que es muy fácil escuchar por todas partes. Espero les guste.

 

Que el amor no es para ti, repites siempre,

asomándote a tu ventana cuando es diciembre,

y comparas la pesadez fría de los copos de nieve

con la frialdad acumulada de tus reveses.

 

¿Dónde queda la cierta espera de primavera?

¿Que hay un deshielo en marzo no lo comprendes?

Que tus tristezas son pasajeras como la escarcha,

¿por qué no aceptas éste forzoso instante de calma?

 

El amor no tiene pies para andar solo

hasta el regazo del hombre que lo quiere,

ni tiene oídos para acudir al solo llanto

de los que sienten pena de mujeres.

 

Y sin embargo dicen que es perverso,

o que no es su talento, y se convencen,

de su incapacidad para inspirarlo,

y de la necedad de devolverse.

 

¿Has buscado entre las miles de personas,

entre los rostros ocultos en la sombra?

¿Has tomado la rosa de la mano que te ofrece

humildad por sonrisa bondadosa?

 

Y dices que el amor no es para ti,

cuando eres tú el que no es para amar siempre,

y a los demás echas en cara su placer,

porque tú lo desterraste para siempre.

Y dices que el amor no es para ti…

 

Tienes razón. Le cerraste las puertas ciegamente,

por impaciencia, necedad o pánico,

por tener una excusa para tu llanto,

en esa falsa calma indefinidamente.

 

 

PD-Me pareció adecuado pegar el link de una de las canciones más simples y expresivas de U2, que es una invitación abierta al amor.

¡Saludos!

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar